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viernes, 18 de julio de 2014

La mancha rojiza



Cuenta la leyenda, que en un paraje solitario, de un bosque lejano, allende los mares, vivía un zorro triste y aburrido. Como el bosque era muy frondoso, con árboles altos y llenos de ramas y hojas, el sol no llegaba a la tierra, por eso el zorro era gris y a su alrededor también lo veía todo gris.

No había colores en su pelo, solamente una pequeña mancha en su nariz, de color rojizo. Él sabía que la tenía porque la descubrió un día mirándose en el río, cuando el agua estaba en calma. Le gustaba observar esa mancha de su nariz, y cuanto más la miraba, más se preguntaba cómo podía haber llegado a él. Al principio pensó que era suciedad e intentó eliminarla, fregando con todo lo que tuvo a mano, pero la mancha no desaparecía. Al final se acostumbró a ella y de hecho, se convirtió en su mejor y única amiga. El zorro gris tenía largas conversaciones con su mancha, aunque ella no contestaba.

¿Por qué razón el zorro no tenía amigos? Porque no había más animales en aquella parte del bosque. Los árboles se habían hecho tan grandes y frondosos que sus copas absorbían toda la luz, por lo que la tierra se quedaba en penumbra. Para el zorro gris todos los días eran iguales, aburridos, tristes y solitarios.

Hasta que un día en su madriguera apareció una lombriz. Cuando el misterioso gusanito asomó la cabeza por el agujero de su túnel, no reconoció nada de lo que vio. Se encontraron nariz con nariz con el zorro, los dos se asustaron, pegando un grito que, obviamente, nadie oyó.

Una vez recuperado el aliento, y después de observarse largo rato, el zorro preguntó:-¿qué haces en mi casa?-. A lo que la lombriz tímidamente contestó:-Lo siento, me he desorientado excavando túneles y más túneles bajo tierra, porque me encanta excavar sin parar y me emociono tanto que acabo perdiéndome.- El zorro no sabía si enojarse con el intruso o intentar averiguar algo más de aquel pequeño ser indefenso ante sus ojos. Finalmente, decidió preguntarle más cosas como por ejemplo de dónde venía, cómo vivía, si conocía más animales... La lombriz pacientemente le respondió a todas las curiosidades que tenía el zorro, que eran muchas. Hasta que el zorro, sin más que preguntar, se sentó en el suelo con cara de asombro. A lo que la lombriz aprovechó para preguntar ella:-¿por qué estás tan solo?- El zorro le explicó que desde siempre había vivido en aquella zona del bosque y, al estar solo, no conocía ni nada ni a nadie más. Simplemente charlaba con su mancha de la nariz. Entonces la lombriz se paró a mirar detenidamente la mancha, observándola de cerca...de hecho se subió a la nariz del zorro para estudiarla más de cerca...y finalmente dijo:-Tus padres deben tener el pelo precioso.- El zorro no entendió nada...le preguntó a la lombriz cómo podía ella conocer a sus padres si ni él se acordaba de ellos. La lombriz le explicó que entre el grupo de lombrices se parecen mucho, por ejemplo le decían que era idéntica a su madre. Por eso el zorro, con esa mancha rojiza, debía tener unos padres con esos colores de pelaje. 

Todos aquellos descubrimientos en el mismo día, habían dejado al zorro pensativo. Mientras la lombriz dormía, descansando del viaje y la conversación, el zorro volvió al río a mirarse la mancha rojiza. Pero aquel día el río se veía diferente, estaba más iluminado. Uno de los viejos árboles gigantescos se había caído y por el hueco que dejó su enorme presencia entraba un gran chorro de luz brillante del sol, la cual bañó de lleno al zorro. Se quedó medio ciego por un rato, no estaba acostumbrado a tanta claridad (al igual que la lombriz). Cuando poco a poco volvió a abrir los ojos y a acostumbrarse a esa nueva luz, empezó a descubrir un nuevo paisaje lleno de colores, las flores se abrían, el suelo era verde, el río de agua transparente dejaba ver los peces que nadaban tranquilos. Y también se descubrió a él...¿Quien era ese zorro que ahora se reflejaba en el río? era todo él de un tono rojizo brillante! las gotas de agua en su pelo lucían como bombillas en noche de fiesta. Se observó durante largo rato, cada parte de su pelaje, de su cuerpo, de su cara. Era precioso!

Volvió corriendo a su madriguera para decírselo a la lombriz...cuando despertó se asustó porque pensaba que era otro zorro, pero él le explicó. Los dos se alegraron muchísimo. La lombriz le animó a viajar con ella y le prometió enseñarle todo lo que él desconocía por haber estado tanto tiempo en penumbras. El zorro comenzó a caminar....no pararon nunca...

A veces las cosas aparentemente insignificantes pueden generar en nosotros un giro de 360º y hacernos ver lo que hay más allá de nuestra nariz, de nuestra simple mancha rojiza.

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