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viernes, 14 de noviembre de 2014

La musa

Toda la imaginación del mundo,
se cuela por un agujero oscuro.
Toda la creatividad liberada,
se escapa con un suspiro lento.
Esa musa que pasa, liviana y sutil,
te acaricia la mejilla, te eriza el bello,
te hace sentir un cosquilleo ahí dentro.
Pero no estás por la labor,
no percibes ni las señales ni los mensajes.
Y esa inspiración pasa, se va, se fue.
Y la musa se va apagando, cada día,
cada noche, mes, año, eternidad...
Pobre, está triste, no siente complicidad,
no recibe tu bienvenida ni tu alegría de vivir.
Sus alas se secan, se cuartean y se rompen,
cual cristal de la más alta pureza.
Sus facciones se endurecen y oscurecen a la vez.
Las arrugas surcan su frente, sus mejillas.
Los labios se afilan y finalmente desaparecen.
Ya no hay sonrisa, ya no hay inspiración.
Te miras al espejo y ves un ente viviente,
sólo eso, un ser inerte, mecánico.

Vuelve a llamar a tu musa,
retoma la sonrisa perdida, de labios carnosos,
de ojos vivarachos, de dientes perlados.
Desentumece las alas, revolotea tu mente,
vive tu propio renacimiento y siente.
Dile lo siguiente:
"Bienvenida a mi interior, mi musa perdida,
bien amada y bien hallada.
Pasemos una vida de inspiración y sutilezas,
perceptibles solamente por almas sensibles,
pero sobretodo, humanas."